LA AUDICION ALERO QUICHUA SANTIAGUEÑO

    La historia comienza en la década del 50 por los pagos de Salavina, Santiago del Estero. Un quichuahablante de nacimiento, Don Sixto Doroteo Palavecino, movido por su afición a la música forma e integra varias agrupaciones musicales y comienza una tarea de difusión de la lengua quichua. Un día, leyendo el Diario El Liberal encuentra que un profesor, Domingo Bravo, dicta cursos de quichua en la biblioteca Sarmiento. Para expresar su alegría, escribe una chacarera doble a la que titula Penqakus kawsaq karani (Avergonzado vivía). Una de sus estrofas decía:
 

 Chayraqmi chay qari lloqsin 
 idyomayshta defendespa 
 kichwayshta faboresespa 
 na qonqasqa tiyaq kara 
 ni pipas mana yuyara 
 kawsaranku despresyaspa.
 Recién este hombre sale
 nuestro idioma defendiendo
 el quichua favoreciendo
 que tan olvidado estaba
 ya nadie lo recordaba
 lo vivían despreciando.

    Este menosprecio por el idioma quichua formaba parte de la costumbre imperante en aquella época; los padres prohibían a sus hijos utilizar el idioma o los alejaban de la rueda familiar para que no participaran del diálogo.
    El contacto con el profesor Bravo es contado por el mismo Sixto Palavecino: "Recibí una carta de don Domingo pidiéndome que le contestara en quichua, tal como se hablaba en Salavina e invitándome a que lo visitara en la ciudad. Así lo hice. Lo encontré en la biblioteca, rodeado de alumnos".
    Más tarde, don Sixto estuvo en la ciudad invitado por el gobierno de la provincia, actuando con sus hijos con gran éxito. En el año 1960, ya radicado con su familia en Santiago, continuó sus actuaciones y en 1966 grabó varios discos.
    Un encuentro casual en el ómnibus con Felipe Benicio Corpos y un diálogo en quichua marca el inicio de una sólida amistad. Don Sixto relata este episodio: -"Los vientos del destino me asentaron en la capital de Santiago del Estero. El quichua sufría una situación mucho más difícil aquí que en mi pago: nadie quería hablarlo, incluso era considerado como muestra de subdesarrollo; o quizás, causante de vergüenza. Sin embargo, sentí que muchos, como yo, tenían la necesidad de hablarlo y por eso, cada vez que tenía la oportunidad de encontrarme ante un grupo, a modo de anzuelo "largaba" una frase, un saludo ... y por ahí, alguien me respondía. De ahí en más caían los velos del recelo y afloraba el diálogo con toda su dulzura y sana picardía, características de esta lengua. Así fue como conocí a mi entrañable amigo Felipe Benicio Corpos, que más que amigo y salvando la diferencia de edad, fue para mi un hermano. Recuerdo que al subir a un colectivo, saludé "al aire"  en quichua, y desde el fondo del colectivo, Corpos me contestó, naciendo en ese instante, la amistad que nos unió hasta su fallecimiento. A Felipe le conté, al poco tiempo, mi afanosa y difícil ambición de una audición radial quichua, detallándole los propósitos que impulsaban.  Felipe se mostró entusiasta desde el primer momento, y no era de esperar otra cosa, debido a la gran identificación que tenía con las tradiciones de nuestra tierra y ese gran caudal poético, que hasta el momento, tenía acallado y oculto. Me ofreció todo su apoyo y por su intermedio, la participación de Vicente Salto, Julio Ayunta "El Vidalero", Raúl Salvatierra y un amigo salavinero de apellido Villalba, cuyo nombre lamentablemente se me extravió en los recuerdos. Así fue como comenzamos a reunirnos en el domicilio de Felipe Corpos por largo tiempo, primero para consolidar la idea; luego, para adecuarla a la estructura del posible futuro programa."

Hacia la concreción de la primera audición
    Dirigía por aquel entonces la vieja emisora LV11 Radio del Norte, don Alberto Pérez, músico y hombre sensible con inquietudes culturales. "Don Alberto me conocía -recuerda don Sixto- porque ya había estado en la radio en varias oportunidades con mis hijos. Además, ya contaba con tres discos grabados. Le comenté que iba a solicitar un espacio radial, con preferencia los días domingos, para difundir el idioma en diálogos y canciones. Al principio no pareció muy entusiasmado porque ya habían tenido un quichuista que no los había dejado muy bien por utilizar palabras poco recomendables. Yo insistí aclarándole que nuestro programa sería de neto corte cultural."
    El director de la radio, luego de pensarlo, aceptó con la condición de revisar previamente el libreto. Así,  el 6 de octubre de 1969 salía al aire por la emisora LV11 el primer programa radial en esta  lengua indígena americana, cumpliéndose de este modo el sueño de Sixto Palavecino, Felipe Corpos, Domingo Bravo y Vicente Salto. Desde entonces y hasta la fecha, todos los domingos el Alero Quichua está presente con su mensaje de cultura.
    Nueve años más tarde, este esforzado grupo de quichuistas consolidaba su tarea al crear la institución Alero Quichua Santiagueño.
    A partir de 1999, la Audición Alero Quichua se desvinculó de la Institución Cultural Alero Quichua Santiagueño, la que cuenta con su propia audición radial.

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