(LA OTRA ORILLA) Los poemas de Luisa Peluffo son cuerpos sobre la página, pequeños encierros de forma y de sentido; uno los ve ceñirse a sus contornos, ajustarse a un perímetro fijado con voluntad de virtuosismo, como si sólo así pudieran arraigar en el blanco, despojados y perfectos. La línea dibuja un puente o cuerda en el vacío, es geometría, danza, columna, escalera, y cuando es árbol, el caligrama ofrece múltiples lecturas, del tronco a las ramas, de las raíces al cielo. El poema es árbol, viene del agua, se expone a los vientos, es "fuego sagrado" o "rueda incandescente". Luisa Peluffo ejecuta ese prodigio.

Hacer poesía y ,al mismo tiempo, trazar una poética ha de ser la máxima fusión apetecible para un artista. Luisa Peluffo capta la vibración todavía más extrema: el suyo no es sólo un arte poética, que podría brillar como hallazgo y experiencia, sino una interrogación a la poesía, ese devenir de las palabras cuyo sonido sólo puede oirse en el máximo desarraigo. La otra orilla es ese intenso objeto que resplandece siempre más lejos, que desde esta orilla hacia allá se tiende como una parábola del universo: circular, continuo, desde la génesis hasta las pequeñas fogatas que vuelven a anunciar la vida después de la muerte.

Tununa Mercado

Orillas

 

Soy esa orilla

que duplica

el agua

y que un leve

aliento

del aire quiebra.

Como si la tersa

superficie

de la apariencia

se revelara,

como si la tensa

superficie

de la apariencia

se rebelara.

 

Atreverme

a cruzar

el frágil puente

que arranca

en el preciso lugar

de tu ausencia,

(esa huella

que tus pies

han dejado

en una desolada

orilla, por ejemplo)

y desde allí

tantear

la otra huella, la invisible,

esa que llamamos

memoria.

 

La luz

I

Allá abajo

ceñidas por líquida transparencia

mansas piedras inmóviles

 

ajenas

a la mirada exacta y minuciosa

de la luz

 

a su provocación silenciosa.

 

Ser el fulgor

por un instante

el destello intolerable

 

del agua quieta y el aire sosegado.

 

II

Y el silencio era la luz

y la límpida memoria del agua

testimonio de esa luz.

 

Sólo entonces los árboles instauraron

una posible conversación.

 

Ese pacto del follaje.

 

Vago temblor

entre la tierra

y lo invisible.

(LA OTRA ORILLA, Editorial Ultimo Reino)