(LA DOBLE VIDA) Una escritora porteña decide ir a vivir a un pueblo de la Patagonia. Allí comienza a escribir una novela a partir de algunos datos que obtiene acerca de una tradicional familia de la zona. Pero mientras va escribiendo la doble vida de la familia San Román e imaginando sus amores y andanzas tragicómicas, su propia realidad invade los borradores.

Cuando está por terminar su historia tiene oportunidad de conocer a los personajes que la animaron, y comprueba que lo que ha imaginado en los papeles tiene poco que ver con la vida real de éstos.

Sin poder evitarlo, se ve inmersa en la doble vida de su novela, porque se oye a sí misma repitiendo palabras y gestos de escenas que ya ha escrito y que culminan en un demoledor final que su ficción no ha previsto.

LA DOBLE VIDA es un verdadero "tour de force" que revela a una escritora profunda, aguda, y a la vez irónica y jovial.

Ursula

Después de la función el Director del Instituto Frenopático Dr. Helmholtz invitó a los artistas del Circo Roma a cenar en su casa que estaba a continuación de los pabellones donde se alojaban los internos.

Había acordado esto de antemano con su esposa, una mujer llamada Ursula, de aspecto vagamente bovino. Al principio ella se había negado:

  • Es mucha gente Atilio, yo sola no puedo cocinar para tantos y además servirles.

Lo de la servidumbre era un tema que martirizaba a la esposa del Director del Instituto Frenopático Dr. Helmholtz; dicho martirio repercutía cada tanto en su marido:

  • Siempre lo mismo - ladró él - yo no sé cómo se las arreglan otras mu…
  • Si te referís a Marisa - Marisa era la cuñada del Director del Instituto Frenopático

Dr.Helmholtz - tu hermano le paga una cocinera; así es muy fácil - mugió agriamente Ursula.

  • De todas maneras yo pensaba conseguirte ayuda - la calmó él.
  • ¿Cómo?
  • Están Renata y Mario, que son ambulatorios y muy obedientes; si vos les explicás lo que tienen que hacer pueden servir la mesa a la perfección porque son obsesivos.
  • ¿Te parece?
  • Absolutamente; a mí me ayudan en el consultorio y nadie se da cuenta de que son

pacientes.

  • ¿Y querrán ponerse uniforme? - insistió ella, todavía no muy convencida.
  • Yo no creo que tengan inconveniente, es más, pienso que les va a gustar.

Ursula habló con Mario y con Renata una semana antes del gran día. A él le pidió que se presentara bien afeitado y que se cortara las uñas. Renata no se veía tan mal, tenía el pelo canoso y bastante corto. Ursula le probó un uniforme negro y un delantal y le dio un par de zapatos. Por último les rogó a los dos que el día de la cena llegaran bien temprano.

Y Mario y Renata fueron puntuales, para alivio de Ursula que les explicó cómo debían servir la mesa: pasando la fuente por la izquierda de cada comensal; sirviendo el agua y el vino por la derecha; reponiendo la bebida cuando faltara y estando atentos a sus indicaciones.

Terminada la función llegaron los artistas; al rato Ursula los invitó a sentarse alrededor de la mesa y agitó una campanilla. La puerta vaivén que conducía a la cocina se abrió entonces de golpe y, como si le hubieran dado un empellón, apareció Renata, los ojos bajos, aferrando la sopera como si en ello le fuera la vida.

  • Apóyela aqu… - empezó a decir Ursula, pero Renata, sin mirarla, la interrumpió:
  • Cuando oigo la campanilla llevo la sopera… - y al tiempo que servía a cada uno de los invitados repetía memorizando:
  • Paso la sopera por la izquierda y sostengo el cucharón… - cuando llegó a los dueños

de casa dijo:

  • A la Señora Ursula y al Señor Atilio les sirvo al último…

Ursula se incorporó pero en ese momento apareció Mario con el vino:

  • Cuando Renata termine de servir la sopa yo empiezo a servir el vino; no antes, porque si no no va a alcanzar…
  • Ya pueden re…- comenzó a decir Ursula algo tensa, pero Renata y Mario no se dieron por enterados y continuaron:
  • Ahora retiro el plato por la izquierda…
  • Ahora sirvo el agua por la derecha…

Con súbito arrebato Ursula agitó histéricamente la campanilla en un desesperado intento por silenciar el monótono sonido de esas voces. Pero después, emitiendo un gemido de impotencia, volvió a sentarse, no sin antes dirigir una mirada de inexpresable odio a su marido que, ajeno a su furia bovina, comenzó a sentenciar con cierta condescendencia doctoral:

  • Renata, Mario, las explicaciones son cosas que aburren y es mejor… - pero Renata y Mario no lo dejaron terminar, ellos estaban concentrados en su deber y firmemente decididos a demostrar su responsabilidad en el trabajo que les habían encomendado por lo que, con seráfica sonrisa y el tono de quien repite una lección continuaron:
  • Ahora busco la fuente…
  • Ahora le paso la fuente por la izquierda al gordo…
  • Ahora sirvo el vino por la derecha…
  • Ahora le paso la fuente por la izquierda a la narigona…
  • Al Señor Director y a la Señora Ursula al último por si no alcanza…

Todos, entonces, comenzaron a hablar nerviosamente en tono cada vez más alto para acallar de alguna manera esas voces implacables y llegó un momento en que entre el griterío de los "¿Dónde actúan la semana que viene? Ahora retiro los platos de pan… ¿A qué edad comenzó a trabajar como trapecista? Ahora traigo los platos de postre… ¿El número de la levitación es un truco?" se estableció un duelo en el que finalmente dueños de casa y comensales, agotados, derrotados, sucumbieron al ritmo parejo y monocorde de las voces de los autómatas que, triunfantes, fueron las únicas que prevalecieron hasta la silenciosa y sombría sobremesa:

  • Ahora le ofrezco de nuevo postre, por la derecha, a la flaca que parece muerta de hambre…
  • Ahora les damos té y café ¿no Mario?…
  • Ahora les servimos el café en las tacitas blancas porque es el único juego completo…
  • Ahora, cuando se levanten y pasen a la sala, retiramos el servicio…
  • Ahora les decimos buenas noches…

 

(LA DOBLE VIDA, Capítulo XII - Editorial Atlántida)