COSTUMBRES

La Chaya

La CHAYA, esa expresión de la vida riojana, no es sólo jolgorio y carnava1. No nació así en el corazón del Diaguita. Fué, desde el principio, el acorde triunfal de la tribu, en la fiesta de la recolección de los frutos: la algarroba.madura, las mazorcas exhuberantes, el cardón florido, la torcaza arullante, el amacay tímido y sonriente, la albahaca peinando de olores la corriente de las acequías. Simbiosis de Hombre y Naturaleza, ante las lágrimas del cielo o al guiño de la luna que parecía nueva. La CHAYA fué desde el principio, gozo compartido el corazón del "Ayllu" (clan o tribu), alegría rumorosa, danza festiva, mensaje de amor y acción de gracias al Padre-Inti (Sol) y a la Pacha-Mama (Tierra) en el rocío manso de febrero...

La RIOJA, tierra fiestera y religiosa, se alegra en la tradición popular de sus rezos, se emociona ante el Niño-Alcalde en el Tinkunaco, peregrina a Las Padercitas, exulta con corazón de niño en sus navidades, canta, vibra y rie en la chaya, soñando siempre construir en amor y en paz, su casa del futuro.Es la "Rioja Folklórica" que en sus genuínas manifestaciones populares quiebra siempre con serena pasión el tedio y la tentación del "eterno retorno".De allí que, cuando los riojanos nombran a la CHAYA, entienden esencialmente un Ritmo musical, un Mensaje hecho poesía. La CHAYA es fiesta ancestral, cuyos orígenes se pierden en la lejanía del tiempo. En la Rioja de hoy esta fiesta popular está muy ligada al carnaval. Esta "hibridación" viene ciertamente de la época del mestizaje indo-español. Pero en la América precolombina ya existía el ritmo y la fiesta.

LA NIÑA-CHAYA Los primeros españoles llegados a estas tierras - dice la tradición - se encontraron con una fiesta singular de agua y danza que celebraban los diaguitas. En la madurez del verano actualizaban la memoria de una niña india muy hermosa que un día, dolida de tristeza por su amor imposible hacia Pujllay -príncipe elegre y juguetón- desapareció en la montaña y se convirtió en nube. Nube que cada año vuelve para alegrar la tierra y la tribu, y se posa en forma de rocío en los pétalos de la flor del cardón.Por ello la tradición lo llamó "CHAYA" - agua del rocío -, y por ello también la Chaya vendría a ser así la búsqueda ancestral de aquella "diosa-india" en la perenne espera riojana de la nube y del agua, signo de la vida... EL PUJLLAY (También Pusllay o Pullay) es una voz cacana que significa "jugar, bromear, alegrarse". Se personaliza en un "héroe ridículo" un muñeco de trapo, desarticulado y andrajoso, que preside la algarabía popular. Sería la figura del "anti-héroe", sufriente y designado a la desilución - la rémora penosa de un principe indio. PUJLLAY - que, enamorado de la bella CHAYA, nunca pudo concretar su amor, por la oposición de los viejos de la tribu y a causa de ser un joven bello e impetuoso, pero "cabeza hueca". Desilusionado, se dedica a la borrachera, hasta que un mal día muere quemado en el fogón de la fiesta. Tragédia de sabor griego que hoy aparece en la "quema de Pujllay" y en su "entierro", al final del Carnaval... Es tal vez la imágen de un riojano sufriente, amante de la alegría y de la vida, que es capaz de morir por amor o por su ideal, y que nunca se resigna a aceptar la mala cara de la marginación o del "destino"...

R.P. MARTIN HORACIO GOMEZ