FUNDACION DE CHILECITO

FUNDACION DE CHILECITO

Domingo de Castro y Bazán,
Sargento Mayor, que era,
fundó, para gloria y honra
graciosa, dulce, pequeña,

clara ciudad en las faldas
de unos cerros de quimera,
cerca del cielo mismo,
de la rosa y de la estrella.

Lobos Porto. Primera parte de la disertación pronunciada el 19 de febrero de 1977, con motivo de la inauguración del Museo "Molino San Francisco" en adhesión al 262 aniversario de la fundación de Chilecito.
Excelentísimo señor Gobernador de la Provincia; señor Ministro de Hacienda y Obras Públicas; señor Intendente Municipal; señores Asesores Municipales; señor Jefe del Escuadrón 24 "Chilecito" de Gendarmería Nacional; Señor Cura Párroco; señoras y señores:
Con vocación de historiador y sentimiento chileciteño, vengo a intentar retribuir el halago de la distinción que me fuera conferida para este trascendental evento.
Mi modesta colaboración, abarcará dos temas de igual importancia, el primero, será una evocación del nacimiento de esta ciudad tan adentrada en nuestros corazones y la expresión de reconocimiento imperecedero para el que fuera su benemérito fundador; el segundo será una reseña tendiente a valorizar una reliquia arqueológica en vías de desaparición: la "Tambería del Inca". La espigación histórica debemos iniciarla con una rotunda y dolorosa afirmación: la única provincia argentina que carece de libros capitulares, es la nuestra, pero no por haberlos extraviado -como se ha dicho-, sino porque el general Lamadrid -primera lanza del ejército tucumano-, los utilizó para fabricar cartuchos durante las guerras internas.
Por esta razón, la reconstrucción histórica, debidamente documentada, de las primeras épocas de nuestro pasado provincial, resulta ímproba y de allí también las imprecisiones y errores a que nos hallamos expuestos los que pretendemos enlazar su pasado, con los viejos papeles de familia, los archivos foráneos y la tradición oral.
Ejemplo elocuente de esta aseveración lo tenemos en nuestra ciudad, cuyos orígenes son inciertos, al punto que ignoramos todavía la época en que estos predios diaguitas fueron ganados para la civilización.
La exploración llevada a cabo por Dardo de la Vega Díaz en los archivos de Tucumán, le permite afirmar categóricamente, que Chilecito fue fundado el 19 de Febrero de 1715, por el Sargento Mayor Don Domingo Castro y Bazán, persona noble, hijo y descendiente de los primeros conquistadores de la provincia.
Afincado en la ciudad de La Rioja en calidad de vecino feudatario, conjuntamente con su esposa, Doña María González de Frías, noble también, Domingo de Castro y Bazán, a pesar de los meritorios servicios prestados a la corona, no había logrado una situación económica desahogada y eran muchas las penurias que experimentaba para sostener su numerosa familia.
Por esta circunstancia, resolvió pedir al Gobernador del Tucumán, por intermedio del Alcalde de la Audiencia de Salta, Sargento Mayor José Fernández Pedroso de Sueldo, un recodo de tierras, que tomando como centro las casas llamadas del Inca, tendría por extensión una legua para cada viento, como así también el usufructo de un marco de agua proveniente de la Quebrada del Agua Negra, en el valle de Anguinán.
Muy justiciera debió parecer la petición a Don Esteban de Urízar y Arespacochaga, Caballero de la Orden de Santiago y Gobernador de las Provincias del Tucumán, puesto que en octubre de 1712, le concedió la merced solicitada, para él, sus hijos, sucesores y herederos, sin perjuicio de tercero que mejor derecho hubiere y de las que no sería despojado, sin primero ser oído y por fuero y derecho vencido, como rezan los autos.
Personas conocedoras del paraje, estimaron en cien pesos el valor de las tierras concedidas en merced.
Con fecha 12 de agosto de 1713, el Capitán Gabriel Bazán de Pedraza, Alcalde Ordinario de La Rioja, deja constancia que hallándose ocupado su juzgado en diferentes causas y resultándole imposible dar posesión de las tierras y aguas a Castro y Bazán, comisionaba a cualquier persona que supiere leer y escribir, para que alzando la Vara de la Real Justicia, fuese al paraje señalado y citando a los circunvecinos -por si tuviesen derecho a ellas-, diese posesión al Sargento Mayor Domingo Castro y Bazán, con todas las solemnidades del derecho. Firmaban esta delegación de poder en calidad de testigos Juan Brioso Quijano y Joseph de Alamo.
Esta comisión no pudo cumplimentarse "por no haber habido firma de persona inteligente" dice el propio Castro y Bazán al reiterar más tarde el pedido de posesión-, no obstante "que estoy ha más de tres años" en dichas tierras.
Recién con fecha 19 de febrero de 1715, el Alcalde Ordinario de La Rioja, Capitán Francisco Moreno Maldonado, formalizó la entrega.
Siendo aproximadamente las dos de la tarde, Domingo de Castro y Bazán cumplimentó la ceremonia de práctica consistente en arrancar hierbas, cortar ramas y tirar piedras. Asimismo,bebió agua del río y ordenó a los circunstantes que se fuesen de sus tierras y se las dejasen libres, siendo su voluntad que en lo sucesivo, este paraje se denominará "Santa Rita". Oficiaron de testigos en la ceremonia, Cristóbal Juarez, Gabriel de Molina, Miguel Vargas y Joseph de Luna y Cárdenas.
Sobre el valle silente y pedregoso, surgió la villa promisoria, con futuro de metal y áureas perspectivas; lenguas extrañas resonarían luego en los rocosos socavones y en las nevada cumbres, hasta que un puñal de hierro se incrustó en el pecho del Famatina; sangre blanca y abundante brotó de la herida y fue la opulencia, rápida y fácil, pero más ajena que propia. Agotados los veneros, la villa ubérrima bajó los ojos compungida y lloró la muerte del gigante; sus lágrimas fecundaron la tierra y en prodigioso alumbramiento, surgieron las bíblicas vides y su destino mineral, se transformó en parras y generosos vinos, dando orígen a la ciudad pujante y viríl de nuestros días. En esta reseña histórica, no podemos omitir las investigaciones efectuadas por uno de sus dilectos hijos, don Silvio Rentería, que si bién acepta como irrefutable la paternidad de Castro y Bazán, basado en tradiciones lugareñas, recogió noticias sobre otros dos presuntos fundadores : Castro y Cárdenas y Castro y Frías. Esto lo lleva a fundamentar dos hipótesis: que Chilecito tuvo tres fundadores, en épocas diferentes y lugares distintos, o bien, que el mismo pueblo fue cambiando de asiento y por tanto, de fundador. Para el autor citado, la Puerta de la Quebrada del Agua Negra fué el asiento de la primera fundación; la "Tambería del Inca", en las inmediaciones del cementerio local, el asiento de la segunda y el emplazamiento actual -identificado como Inca Huasi-, el de la tercera. Para la primera afirmación, toma como referencia un plano confeccionado en Buenos Aires en 1802, cedido por el señor Francisco R. Ocampo, donde categóricamente se afirma: "La población de Chilecito no es su verdadera ubicación en el lugar en que figura sino en la Quebrada de la letra F", que en el plano corresponde exactamente a la Quebrada del Agua Negra.
El plano de referencia que a nosotros nos fuera cedido por la señorita Elisa Salcedo Ocampo, fue levantado con motivo de un pleito de tomas de agua entablado entre los dueños de Chilecito y Juan Amaranto Ocampo sobre quién recayeron como prendas hereditarias, dos mercedes adjudicadas a Don Felipe de Luna en el año 1707.
A nuestro entender, la pretendida ubicación de Chilecito en la Quebrada del Agua Negra es falsa, porque en dicho paraje no existen vestigios de construcción alguna y porque tal emplazamiento, excedería holgadamente, la legua acordada en tal dirección. En cambio consideramos cierto, que Amaranto Ocampo procuraba con tal declaración, hacer resaltar que los primitivos dueños de Chilecito se estaban desplazando hacia el naciente, desplazamiento que como destaca más adelante, perjudicaba con sus tomas de agua "no solamente al recomendable pueblo de Anguinán, sino también a los terrenos de Luna y San Miguel, cuyo privilegio tiene antelación" al de Chilecito.
Desechada la posibilidad de una fundación en el Agua Negra, el examen topográfico nos lleva a descartar asimismo, la presunta fundación en las inmediaciones de la "Tambería" y admitir, por exclusión, que Chilecito solo tuvo un asiento, el actual. Con esta aseveración, no termina sin embargo el nebuloso orígen tradicional, pués al mismo Rentería le fué trasmitida por una familia de antiguo linaje, la versión de otro presunto fundador, Don Cristóbal Gordillo y una tradición cautivante para el espíritu romántico de todas las épocas. Según el relato lugareño, allá por 1700, se radicó en estos parajes, un caballero español llamado Domingo de Castro y Cárdenas, viudo, a quien acompañaba una hija de nombre Margarita. Este caballero, venía a poblar la región como tributario del Rey de España,"...siendo él con su escasa familia y servidumbre los primeros pobladores...".
Años más tarde, habría llegado al mismo sitio, exhibiendo derechos de propiedad, por servicios prestados a la Corona, Don Cristóbal Gordillo. Tales derechos, obligaban a Castro y Cárdenas -primer poblador tributario del Rey-, a entregar las tierras a Cristóbal Gordillo, primer colonizador y fundador de Chilecito. Más este conflicto, que recuerda en parte el de Abreú y Lerma, no se dirimió por las armas ni desató enconos familiares, porque Cristóbal Gordillo se enamoró de Margarita desposándola más tarde.
Esta tradición es refutable históricamente pues no hubo tal viudo ni tal hija única. Margarita Magdalena que tal era el nombre completo de la niña en cuestión, lo mismo que su hermana Isabel, fueron hijas del General Santiago de Castro y Frías y de Doña Andrea Herrera y Abila según consta en los libros parroquiales consultados.
Es cierto que se casó con Cristóbal Gordillo, más habiendo fallecido éste, el 21 de julio de 1804 y a la edad de setenta años aproximadamente -según el acta de defunción- quiere decir que aproximadamente dos décadas antes de su nacimiento, ya estaban echados los cimientos de la ciudad cuya fundación se le atribuye. No menos complicada es la historia de sus diferentes denominaciones. Al primitivo nombre de Santa Rita, le sucedieron: Santa Rita del Valle de Anguinán; Estancia de Santa Rita; Hacienda de Chilecito; Bella Villa Argentina; Villa Argentina en 1848; Villa de Famatina en 1856; nuevamente Villa Argentina en 1869 y definitivamente Chilecito, nombre que según opinión generalizada, es diminutivo de Chile, por la afluencia de mineros chilenos que acudían presurosos al canto de sirena de las mentadas riquezas del Famatina.
Por nuestra parte, en un conflicto de jurisdicción suscitado entre los dueños de Chilecito y los de La Puntilla de los Sarmientos, hemos localizado también los nombres de Casa del Inca o Incahuasi y lo que es más curioso, el de Chile. A esta referencia, damos especial importancia pues nada se opone a suponer que precisamente Chile, pudo ser su primitiva denominación ya que Lafone Quevedo admite la posibilidad de que hubo un Chile en Argentina. Recordemos para el caso que Arauco también es nombre común y que Imbelloni y Ten Kate admitieron una influencia araucana en nuestro territorio, anterior a la quichua y que pareciera corroborada por numerosos vocablos regionales.
Si la palabra Chile es aymará, equivale a "confín del mundo" y esa es precisamente la impresión que experimenta el desprevenido viajero cuando se enfrenta con nuestro coloso Famatina.
Si hay algo en que coinciden los investigadores, es que Chilecito no puede tener la antigüedad asignada ya que parece improbable que un paraje como éste, próximo a los cerros más codiciados del país, de tierra feráz y numerosa gente -como dicen las crónicas-, haya sido fundado casi un siglo y cuarto después de serlo la ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja de quién podía erigirse en custodia y salvadora de los frecuentes asedios indígenas.
Recordemos asimismo, que la mayoría de los conquistadores atravesaron su territorio. En opinión de Levillier, los restos de la heroica jornada de Diego de Rojas plantaron aquí su real; escapa a toda duda que Francisco de Aguirre y Núñez del Prado visitaron Famatina; Alonso de Orduña aconsejaba en 1556 poblar Famatina e idéntico propósito animó a Matienzo diez años más tarde; recordemos que en 1561 Villagra recomendaba a Jufré, conquistar y poblar muy especialmente, además de Cuyo, Nolongasta y Famatina y que Don Juan Ramírez de Velasco incursionó por estos solares en 1592; que no habían pasado veinte años de la fundación de La Rioja, cuando el Capitán Diego de Garzón se estableció en Nonogasta "y tuvo esas tierras, sin merced real".
Que ya por 1631, Juan Fernández Picón tenía su encomienda en Sañogasta; que Vichigasta había sido ocupado por la encomienda del Coronel Gonzalo Duarte de Meneses y que Juan Ramírez de Contreras, por concesión oficial, habíase establecido con un molino entre Nonogasta y Sañogasta.
Pero por si bastasen todos los datos precedentes para asignar una mayor antigüedad a Chilecito, extractamos un fragmento del Auto redactado por el visitador eclesiástico doctor Abel Bazán y Bustos, del año 1909, que se conserva en nuestra parroquia y que textualmente dice: "No existe dato alguno sobre la fecha de erección del Curato que se llamó Beneficio de Famatina, cuya Iglesia Parroquial era Anguinán (hoy capilla del Curato de Chilecito)... El libro parroquial más antiguo comienza con el auto de visita del obispo de Argandoña por los años 1741 (diciembre) quien se queja en el mismo de no haber encontrado más que un libro parroquial, que hoy no existe. Habiendo sido fundada La Rioja en 1591, es de creer que por los años de 1650 se hubiera erigido este Curato".
La lectura detenida de este párrafo, nos lleva de la mano a la siguiente conclusión: si el Obispo Argandoña "se queja" de no haber encontrado más que "un" libro parroquial en el año 1741, es precisamente porque la antigüedad del pueblo, exigía que hubiese varios para entonces.
Por todas las razones apuntadas, dejamos establecido que si aceptamos el 19 de febrero de 1715 como fecha oficial de la fundación de nuestra ciudad, es solamente con el ánimo de adjudicarle una ubicación en el tiempo, para celebrar -como hoy-, jubilosamente sus aniversarios y lo que es más para dar gracias a quién se afincara en estas tierras intuyendo un futuro halagüeño, Don Domingo de Castro y Bazán, que cerró los ojos repentinamente el 7 de enero de 1768 y cuyos restos, sepultados por el sacerdote Antonio Agüero, posiblemente descansan todavía en la vieja capilla de Santa Rosa de Anguinán.
Encajado en la herradura de sus cerros milenarios-alguna vez llamados "El Collar de la Virreyna"- y bajo la paternal custodia del Posotí Argentino, Chilecito dejó de ser el valle dormido, sigue siendo atalaya de historia, como dijo el poeta, y está destinado a ser en un futuro inmediato, la prodigiosa palanca de la economía riojana; si está asentado sobre tierras de oro, como dijo César Carrizo, también lo está sobre tierras de opulento porvenir agropecuario. Porque es tierra consciente y orgullosa de sus tradiciones, porque emanan de sus montañas fuerzas naturales e invisibles que purifican el alma; porque tienen en patrimonio el entorno de una juventud vigorosa y capaz y porque la alienta permanentemente su elogioso pasado intelectual, Chilecito aguarda -serena y confiadamente-, el devenir de los siglos.