Eugenio Giuníppero - Museólogo

Indudablemente, el médico, sobre todo el cirujano, tropezó desde tiempos pretéritos, con el dolor, y una serie enorme de investigadores, lucharon a brazo partido, para disminuirlo, y la historia de esta apasionante ciencia, comenzó en la época de Homero, en que se utilizaba el nepente, que se cree era cáñamo indio, probablemente utilizado como soporífero. Así los médicos árabes utilizaban opio y beleño, entre otras sustancias, con fines de amenguar el dolor. Por supuesto no podemos olvidarnos de la mandrágora, comenzada a aplicar en el siglo IX, y lo más destacable que se utilizaba, junto a las otras sustancias señaladas por medio de la inhalación, en lugar de utilizar la vía oral.

También debemos recordar el alcohol, que durante mucho tiempo, se utilizó para insensibilizar a los pacientes durante las operaciones, no obstante, todos estos procedimientos resultaban ineficaces durante las operaciones mayores, tal es así, que todavía en 1832, el gran cirujano francés, Alfred Armand Louis Marie Velpeaun, lo consideraba un hecho imposible.

Otro de los métodos utilizados como anestésicos, era el de comprimir los nervios, así el cirujano de Edimburgo Benjamin Bell, presenta en su System of Surgery, una tenaza para esos fines, pero no alcanzó los resultados esperados.

James Eslaide (1808-1859), trató de implementar en la India, el mesmerismo, con fines anestésicos, siendo notable destacar, que según las crónicas realizó alrededor de 260 operaciones con éxito.

Indudablemente, la historia de la anestesia por inhalación, comenzó en forma seria y científica, a partir de los trabajos de Priestley y Lavoisier, quienes en sus estudios sobre la medicina neumática, lograr progresos increíbles en la inhalación terapéutica de los gases.

Se comenzó a pensar en el anhídrido carbónico, oxígeno e hidrógeno, y también el vapor de éter sulfúrico, cuyos primeros trabajos en esta materia lo señaló en 1540, Valerius Cordus.

Llegamos en nuestra historia a Humprey Davy, quien dio los principales parámetros, para la utilización de óxido nitroso, para atenuar el dolor físico durante las operaciones, esto ocurría en 1800.

Y siguiendo en la lista de precursores de la anestesia por inhalación, llegamos a Henry Hill Hickman, un médico de Shropshire, llegó a la conclusión, que la inhalación de gas de ácido carbónico, amortiguaría el dolor en las operaciones, pero a pesar de probarlo en animales, no se animó a implementarlo en seres humanos.

Inhalador de Cloroformo de Show, (1847) la cámara vaporizadora se ve en corte (de un grabado de la época).

Cabe destacar que en un período que va entre 1840-50, las "diversiones" sobre todo en América, por la inhalación de éter y oxido nitroso, atrapaban al gran público en lo que se conocía como "gas hilarante", pero un médico C. W. Long, de Georgia, en 1842, logró extirpar tres tumores sin dolor por la inhalación de vapores de éter.

Así llegamos a Horace Wells, un dentista de Hartford, Connecticut, que por la inhalación de oxido nitroso, pensaba que era posible la extracción de muelas sin dolor, y ante una demostración pública en 1845, en el Massachusetts General Hospital de Boston, pretendió extraer una muela a un joven y robusto estudiante, el que a pesar de la inhalación, lanzó fuertes alaridos, quizá por la poca dosis o bien por la fortaleza del paciente, la cosa es que Wells, pasó al olvido.

Por supuesto, que el más notable descubrimiento lo logró W.G.T.

Ampolla de éter con su caja original, origen Francés, año 1935.

Morton, quien un 16 de Octubre de 1846, logra por primera vez, la utilización de un frasco de inhalaciones, hecho en forma artesanal, pero el resultado es increíble, y el anestésico utilizado, es el éter, mereciendo destacar el hecho de que este tipo de aparatos con algunas modificaciones, llegó hasta no hace muchos años, con el denominado "aparato de Ombredanne".

Por supuesto, el éter no era la panacea, quizá la dificultad más importante fuese la de los inhaladores, por lo que en 1847, James Young Simpson, volvió al arcaico método de verter gotas sobre una esponja, colocada en la cara del paciente, utilizando entonces cloroformo, hasta que en Inglaterra, John Snow, quizá el primer anestesista especializado, fabricó un inhalador de alta calidad (para la época), pues era posible regular la mezcla anestésico-aire y también su temperatura.

Por otra parte, se volvió a utilizar él oxido nitroso, pero ya se mejoraron las instalaciones y se comenzaron a usar gasómetros equilibrados, en el que el paciente inhalaba por un tubo y con la nariz ocluída por una pinza, esto era por 1886, luego vinieron los gases comprimidos en tubos especialmente diseñados.

Por supuesto, si hablamos de anestesia, es necesario, recordar a aquellos precursores de las anestesias de no-inhalación, así mencionamos a modo de curiosidad, que los primitivos peruanos conocían el efecto anestésico de la coca, se utilizaba masticando hojas de coca y luego echaban saliva sobre la parte a cortar; a mediados del siglo XIX, unos investigadores alemanes consiguen extraer un alcaloide que llaman cocaína, demostrado por el eminente médico Alexander Bennett. Pero Carl Koller la introdujo con éxito en cirugía ocular, y más tarde en nasal y otras partes; luego fue utilizada en cirugía mayor si se la inyectaba en troncos nerviosos. Luego de profundas investigaciones se descubrieron derivados como la novocaína y la estovaína.

Y luego el gran salto, en 1885, James Leonard Corning, inyectó cocaína en la médula espinal de un perro, provocando la flaccidez de sus patas posteriores y luego en 1898, se aplicó el mismo método a un ser humano por parte de Agust Karl Gustav Bier, médico alemán, que logró resultados satisfactorios e inició una nueva era de la anestesia que se sigue utilizando hoy día.

Finalmente, se pensó en la introducción de anestésicos por las venas, hecho que comenzó en 1874, por parte de Pierre Cyprien Oré, inyectando en esa oportunidad hidrato de cloral; mencionando como hecho trascendente que en 1932, se comienza a usar el evipan y por supuesto para terminar diremos que se utilizó un veneno muy potente, conocido ampliamente por los indígenas, que envenenaban sus flechas, el curare, que luego de muchas investigaciones ha sido sintetizado y purificado, siendo de gran ayuda.

Merece señalar, que desde los primeros intentos de aliviar el dolor, hasta la actualidad, se han mejorado los métodos de una manera asombrosa, todos materializados por el propio hombre en bienestar de sus semejantes, de la mano de una de las profesiones, en que se lucha por un mejoramiento constante de la vida, el médico.

Aparato Ombredanne para anestesia por inhalación de éter, origen Francés, año 1945.

Equipo de anestesia por inhalación, maneja gases múltiples, perteneció al servicio de anestesiología de Clínica Pergamino, Jefe Dr. Jorge Cerruti, posee seis manómetros, para etileno, oxido nitroso, helio, anhídrido carbónico y dos de oxígeno, marca Heidbrink (U.S.A.), año 1950.

Jeringa para anestesia local, Modelo Original Dr. E. Finochietto, sé visualizan las iniciales T.R., pues perteneció al Dr. Tomás T. Ramella.

"LOS OBJETOS QUE SE MUESTRAN PERTENECEN A LAS COLECCIONES DEL MUSEO PRIVADO GIUNÍPPERO-CASTELLANO".

Bibliografía: "Boletín Médico Británico" (centenario de la anestesia) 1946.

"Breve Historia de la Medicina" (Ed. Guadarrama) 1966.

"Técnica Quirúrgica" (Ed. El Ateneo) 1935.

"Catálogo H. Escalante" 1945.

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