Una creciente inestabilidad está afectando no sólo al clima argentino sino a todo el funcionamiento atmosférico del planeta. Fenómenos extremos, como olas de calor, heladas tardías, lluvias torrenciales, granizadas, etc, están dando lugar al establecimiento de un progresivo escenario de riesgos, que incluye  impactos climáticos en Argentina, EE.UU., Australia, Europa, China, India, Sudeste Asiático, y otras regiones del planeta.

 

 

La única causa con suficiente magnitud como para provocar esta inestabilidad, reside en el avance del calentamiento global. Los otros factores son de menor escala y ninguna de las numerosas anomalías que se observan actualmente llegan a configurar un patrón reconocible, fuera de lo que respecta al incremento de la temperatura media planetaria.

 A partir de la generalización del empleo de combustibles fósiles (carbón e hidrocarburos) a mediados del siglo XIX, la temperatura media del planeta comenzó a aumentar, habiéndose incrementado en aproximadamente 0,7 °C desde entonces hasta el presente, llevando la media del planeta, de 14,8 ° C en 1850 a 15, 5 a fines de 2000.  Este proceso fue provocado por el aumento de la concentración atmosférica de los “gases de invernadero”, como el dióxido de carbono (CO2),  el óxido nitroso (NO) y el metano (CH4), que retienen la radiación emitida por la superficie terrestre alterando positivamente el balance calórico planetario. De continuar la actual tendencia la temperatura podría aumentar 2,5 °C  adicionales en los próximos 50 años, llegando a 18,0 °C.

 En un intento de mitigar el calentamiento global, en 1997 los representantes de más de 150 países, suscribieron el Protocolo de Kyoto, proponiendo disminuciones obligatorias en las emisiones de gases de invernadero por parte de 39 de los principales países industrializados.  El Protocolo de Kyoto tenía el carácter de una declaración de intenciones, y debía ser ratificado por los países firmantes, dado que el control de las emisiones implica un complicado mecanismo que abarca desde compromisos políticos hasta inversiones en tecnologías “limpias” que representan cuantiosas cifras.  Estas dificultades llevaron a que en agosto pasado, el documento fuera puesto en vigor, pero sin la participación de dos de los principales emisores: los Estados Unidos de Norteamérica y China.

 Esta situación, unida a los recientes acontecimientos políticos, determinan que  deba preverse un considerable retardo en la implementación de  medidas efectivas para mitigar el calentamiento global, por lo que la inestabilidad climática seguirá acentuándose.

  

LOS EFECTOS SOBRE EL CLIMA ARGENTINO

 La evolución del clima argentino está siendo controlada por el desarrollo de una serie de anomalías que perturban la circulación atmosférica y producen efectos diferenciales en los mecanismos de precipitación y temperatura. La característica más sobresaliente de esta situación, es que dichas anomalías no configuran un patrón climático reconocible, como por ejemplo un episodio de “El Niño” o “La Niña”. Contrariamente, se observa todo un conjunto de condiciones alejadas de su estado medio, que provocan alteraciones zonales o regionales, de naturaleza muchas veces contrapuesta.

El margen occidental del Océano Pacífico viene recibiendo un fuerte aporte de aguas provenientes del  Océano Glacial  Antártico transportadas por la corriente de Humboldt. En la franja ecuatorial (costas de Ecuador, Perú) este proceso ha originado una “Mini Niña” costera, que aunque alcanza escaso desarrollo está haciendo llegar sus efectos sobre el Noroeste Argentino y Norte de Cuyo, provocando un comienzo anticipado de la estación de lluvias,  y temperaturas algo por debajo de lo normal.  En la porción sur del Pacífico, esta anomalía negativa genera intensos vientos del Sudoeste, que ingresan por Chile, atraviesan la Cordillera y provocan  tormentas superiores a lo normal y temperaturas por debajo de la media en la Patagonia y el Sur y Centro de Cuyo. Un aspecto positivo de esta particularidad,  que viene dándose desde mediados de otoño, es la realimentación de los campos de nieve, generando buenas perspectivas en lo que hace a la provisión de agua para riego, aunque podrían producirse desbordes de los ríos debido al elevado caudal de deshielo.

 

 

La presencia de una fuerte anomalía térmica positiva en el Océano Atlántico determina  que el Anticiclón de las Costas del Brasil haya migrado muy al Sur de su posición normal generando una fuerte entrada de aire cálido y húmedo dentro del continente, provocando precipitaciones y temperaturas por encima de lo normal en la Región Pampeana y Noreste Argentinos.

 Esta situación presenta el riesgo de que los prolongados lapsos con registros térmicos superiores a la media sean compensados por cortas pero intensas irrupciones de aire polar con peligro de heladas tardías. Llama la atención la notable persistencia de esta situación, cuya prolongación estaría relacionada con el desarrollo de una anomalía térmica positiva en  la porción central del Océano Pacífico, fenómeno que  podría equipararse a un episodio de “El Niño”  de moderada a leve intensidad.

 En la Región Pampeana, a los factores mencionados en el párrafo anterior se unen los efectos de la evaporación proveniente de las amplias áreas con excesos y anegamientos que cubren gran parte de su superficie, intensificando las precipitaciones. Es probable que este mecanismo continúe durante la mayor parte de la campaña en curso, ya que se necesitaría un prolongado lapso seco y cálido para que los excedentes hídricos desaparezcan. Aunque la pausa en las lluvias que suele tener lugar durante enero atenúe la influencia de los excesos, los mismos serán reactivados por las lluvias otoñales.

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